miércoles, 10 de febrero de 2010

Just for one day

Me gusta pensar, en ti cuando abres este olvidado blog. Imaginarte en busca de algo, entre la realidad y la ficción. Algo, que te haga sentir aunque sea un poco de placer.

¿Sabes cuanto me gusta que me observes?

Me encanta cuando vas por la calle, después del trabajo o a comprar algo, pensando en las fotos de una niña perversa, que ha ido creciendo en tus manos.

Hace casi seis años que abrí la primera versión de este blog, en busca de experiencia, buscando en ti, amado lector, algo que no pude tener en un amor platónico. Ya sabes, él era casado, mayor que yo... joterías pues.

Muchas cosas han cambiado. Hoy, se han agotado los deseos de revancha. Esas ganas de dejar de ser una niña perversa, porque aunque no haya querido aceptarlo antes, ya soy una mujer, bueno eso dice mi credencial de elector y mi RFC.

A estas horas, me encanta imaginarte sentado frente al ordenador, viendo lo que te he permitido observar de mi anatomía... Saberte ahí, me recuerda una de esas noches en las que cambió mi vida.

Una amiga me invitó a una fiesta en enero. Me dijo que si habría gorritos, pero sería para más de un solo participante.... es decir, una de esas fiestas con las que todos fantaseamos, al menos una vez en nuestra existencia.

La cita fue en la tarde, yo aún hablaba con mi abuela cuando llegué al sitio indicado. Ambas íbamos con retraso, hacerlos esperar era parte del juego.

Ellos 3 ya nos esperaban en alguna parte del centro de la Ciudad de México, el sol me lastimaba y más porque bajo el vestido que llevaba no había nada.

Primero romper el hielo, todos una camioneta roja, y platicar un poco mientras nos dirigíamos a un bar de la zona. La camioneta era roja, según yo, de mal aguero, porqué odio el rojo.

Los tres muy atentos, mostrando su mejor cara, no fuera que las presas se arrepintieran y salieran huyendo.

Un vodka tonic para mi, los demás con tequila. Una ensalada con pechuga de pollo, para ganar fuerza... en realidad era para hacer tiempo, y estudiar a cada uno.

Sentí sus miradas, tratando de ver más allá de la gruesa chamarra negra, tratando de adivinar que habría bajó la delgada falda. Seis ojos masculinos viéndonos insistentemente a la una y luego a la otra.

Las palabras se cortaban igual que el hielo en mi vaso. Creo que ellos tampoco sabían muy bien que hacer, a mi no me conocían, era una extraña en una especie de comuna.

De regreso en la camioneta uno de ellos, el más delgado me "ayudaba a subir" mientras me tocaba rápidamente las piernas y la retaguardia. Bien, alguien tendría que haberlo hecho o muy probablemente habría salido corriendo tres minutos más tarde.

La siguiente escala, proviciones para la fiesta: cigarros, alcohol, refrescos, condones, y probablemente "algún dulce" que la ley no me permite especificar.

Yo me sentía tensa, no porque fuera la primera vez, si no por las insistentes miradas de los tres caballeros. Sus largos silencios esperando alguna respuesta inteligente.

Me perdí viendo el paisaje de mi ciudad, imaginando en que otras tantas situaciones diferentes había pasado por Paseo de la Reforma, todas infinitamente diferentes a esta.

El ocaso ya había terminado y ya estábamos en el hotel, dos de ellos bajaron a rentar la habitación, mientras mi amiga, uno de ellos y yo esperábamos en la penumbra. Si en ese momento alguien me hubiera preguntado ¿De verdad quieres hacer esto? Probablemente, habría dicho No, y habría salido como gato asustado.

Algo dentro de mi temblaba, pero mejor moví la pierna para disimular y parecer impaciente.

Regresaron los de la misión y dijeron que fue un éxito.

De nuevo a bajar, la piel de la camioneta se había pegado a la mía. Decender de ella, fue todo un alivio. Al a travesar el lobby, y caminar un poco más hacia el elevador, un viejo miedo de siempre me acompañó encontrarme a mi padre.

Mi lado consiente me dio una bofetada interna, a esa hora, era imposible que estuviera ahí con una de sus amiguitas.

Ya en el elevador, había un silencio casi sepulcral... Ya esperaba con ansias que abriera la puerta, y entrar a la habitación para sentirme protegida.

Un lugar muy amplio, una cama queen size, una mesa, un enorme tocador y un jacuzzi. Perfecto, de nueva cuenta estaba en mi ambiente, la confianza regreso un poco a mis torturadas neuronas.

El que viajaba atrás con nosotras me "ayudo" a quitarme la chamarra, dejando a la vista el vestido que había debajo. Lo deje desabrochar el nudo que soportaba todo el peso del vestido y... el resto lo sabrás muy pronto cuando vuelva a caer la noche.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que bueno que estas de vuelta, yo fui uno de tus participantes en el casting de hecho tuve la fortuna de disfrutar tu cuerpo. seguramente no me recuerdas o no quieres hacerlo. Sigo tus relatos pensando que sorpresa me deparas hoy!!!