domingo, 8 de mayo de 2011

Sinnerman

Hace unos días, R.. me invito a Acapulco. Habíamos hablado un par de veces, pero como no tiene más de treinta años, realmente no le había hecho mucho caso. Lo siento, soy muy pero muy selectiva a la hora de decidir cuándo, cómo y con quién acostarme.

Supongo que eso hacemos todos. En fin, volviendo al punto. Cómo lo habrán notado, he estado tratando de reestructurar mi vida. Aún no decido nada, y creo que la forma en la que el Destino me ha mandado a la banca, era absolutamente necesaria, o de lo contrario habría seguido en mi modus workaholic y si ya me he hecho daño, si hubiese continuado así... mejor dejo de imaginar cosas.

Hace un par de semanas estuve en el hospital, mi tipo de sangre es raro de encontrar y necesité un par de transfusiones, todo un drama encontrar donadores, porque en mi familia nadie tiene el mismo que yo. ¿Será que soy hija del lechero? Casi al salir de ahí, mi laptop se descompuso, Toshiba lleva más de 23 días en según ellos, encontrar la pieza, como ese es mi instrumento de trabajo principal, y manejo datos extraordinariamente sensibles, no me quedó más remedio que dejar de hacer berrinche y tratar de hacer un resumen de lo que ha pasado en mi vida. Descansar, pero ahora si en serio.

Llevaba ahí, si, tres semanas. De repente, después de raptar por unas horas la laptop de mi hermana aparece su pregunta... ¿Me acompañas a Acapulco?

No es, pero para nada el estándar de hombre con el que suelo salir, pero, la rutina no es buena, y estar cerca del mar, siempre se agradece. Hablamos un día antes, varias veces. Le pedí que me despertará, nunca he sido muy puntal que digamos y menos, por las mañanas. Y lo hizo... justo cuando dudaba ya en acompañarlo.

Me recogió justo dónde habíamos quedado, íbamos cerca de perisur, cuando le llamó su jefe. Ni hablar, el trabajo es primero. Caminé por casi toda la plaza... en tres años, mi vida cambió tan rápido y radicalmente que apenas me va cayendo el 20 de muchas cosas. Ya casi tengo 24 años, trabajo en el lugar de mis sueños, la universidad la tengo en stand by, pero voy a regresar, perdí a mi mejor amigo hace cinco meses, y aún me siento muy mal respecto... Y hasta ese momento, mi salidita a Acapulco estaba más que frustrada.

Después de desayunar, me fui a mi ex oficina a ayudarles en algo. Digo, además aún no tengo mi computadora como para ponerme realmente a trabajar como debería. R... me volvió a llamar, el asunto con su jefe ya estaba solucionado. Una de mis amigas escuchó parte de la conversación y me dijo. No seas mensa, si yo pudiera me iría. Vete, total que puedes perder.

Tenía razón, lo que más me duele, ya me lo quito un rato el Destino o su ente divino de confianza. Después de hablar como diez veces con él, y asegurarme que iría por mi decidí ir a Taxqueña y tomar un autobús.

Créanlo o no, en mi vida, había tomado un autobús a alguna ciudad más allá de Cuernavaca, digo, para algo existen los aviones. En la terminal me metí la perdida de mi vida, estaba buscando la pizarra electrónica con las salidas y llegadas para elegir la linea correcta, igual que un aeropuerto. Sorpresa, no había ninguna.

A final de cuentas elegí la línea al azar y compré el boleto. También era la primera vez que salía de la Ciudad de México con un perfecto desconocido. Nerviosa estaba, y pase las seis horas de camino casi comiendome las uñas. Finalmente en Acapulco, pasó por mi a la terminal, registro en el hotel, y luego subir a la habitación.

La vista de la costera, siempre me ha gustado, y también remueve sentimientos encontrados, que, si ,traigo a flor de piel en los últimos días. Inspeccionar la habitación, elgir mi rincón, voltear a ver la bahía de noche...
Más tranquila, me recosté en la cama, acerco su mano a mi busto y decidí hacer todo más fácil y quitarme toda la ropa. R... me siguió y al poco rato ya estaba sobre él. Me relajaron sus besos, me relajo que me penetrara, me hizo sentir más tranquila el que llevará mi boca a su pene. Ya estaba establecido el motivo del viaje. Lo que, definitivamente no me esperaba, es que me abrazará para dormir.

Después del sexo, no soy muy afecta al contacto físico. No sabía que hacer, y creo que lo desperté varias veces. El tenía que trabajar al día siguiente, y yo buscando cómo acomodarme en la lujosa habitación. Se lo que se siente no dormir bien durante un viaje de negocios...

Al despertar, abrí las cortinas, me quede observando un buen rato la bahía, pensando en todos mis planes, en lo que he hecho, en lo que no, la gente que ya no está conmigo, la gente que confía todavía en mi trabajo, la gente que lee mis fantasías y mis realidades en este blog. Que ve mis tetas, mi culo, que se excita y a veces me dedica sus orgasmos frente al ordenador.

En la regadera, me puse a pensar... A ver tú ¿Dónde quedaste? ¿Qué pasó con tu energía para experimentar? ¿Tus deseos de jugar? ¿Por qué todo el tiempo piensas en tu trabajo, en tus proyectos para ganar dinero? ¿A qué hora dejaste divertirte? ¿Por qué te sientes como si tuvieras 30 años?

Iba a vestirme, y vi la nota que dejó en el buró... "Llámame cuándo despiertes, nos vemos a la hora de la comida" No pude evitar sonreír.

Me quede un laaaaargo rato frente a la ventana observando a la gente, esperando a que llegará. He de aceptar que me excitaba esperar la hora en que llegará para hacer de las mías. Me divertía imaginarlo de nuevo en mi sexo, pero a plena luz del día, tocando, chupando o besando mis tetas, sus manos en mis nalgas... Cuando, generalmente, nunca espero a nadie más de 1 hora. He descubierto que también, a veces me gusta esperar a que regrese alguien a mi lado de la cama.

Cuando regresó lo noté tenso, no quise acercarme de inmediato. Se quito la ropa para cambiarse, aproveche para acercarme un poco, no me rechazo. Bingo. Salimos a comer, después de un excelente episodio más de sexo. Hablando de tarugada y media. Volvimos al hotel, pero dando un rodeo por las piscinas y la entrada hacia la playa. Me encanta ver a la gente, sin que ellos me observen. Aunque en realidad estaba más bien, imaginando lo divertido que sería tener sexo frente a ellos sin que se enteraran. Me conforme con besarlo.

De regreso, al aire acondicionado, hablando volvimos a hacerlo pero ahora en sillón... esa cosa rechinaba más que mis articulaciones en navidad. Regresamos a la cama, cuando a la ama de llaves se le ocurrió abrir la habitación para limpiar. ¿Habrá visto algo? Espero que si, porque nos estábamos divirtiendo mucho.

Volverse a vestir... Me gustó oírlo hablar con esa pasión por la empresa en la que trabaja. Me recordó a mi misma, cuando empezó mi locura.

Cuando mi sueño se hizo realidad, porque mi mejor amigo confío en mis talentos, antes de que yo descubriera que estaban ahí, también me recordó el porqué lo dejé, y como se despidió de mi "Regresa cuando estés lista". Cómo conocí a un nuevo amigo, del que me temo que me enamoré, de cómo ha confiado y me apoyado en mi trabajo, pese a la forma en que nos conocimos. Cómo también a él lo dejé, por volver a cumplir con ese "Regresa cuando estés lista" Cuándo me pidieron volver a casa, a mi primer trabajo y al sueño de toda mi vida, cuatro meses después del funeral de mi mejor amigo. Después de ver a su esposa embarazada y saber que nunca iba a conocer a su bebé, después de ver mi mundo colapsar por su ausencia, de llorar y abrazar al según yo, el ser que mas he odiado y respetado, del que también aprendí muchísimo, al que creí que era inamovible, y sin corazón. Consolarlo, y dejar que me consolará con un abrazo que hacía que me dolieran las costillas. Recordar cómo me pidió regresar a mi familia, es decir a trabajar a su lado y en su equipo.

Todo eso, mientras oía como hablaba de procesos, que intuía detrás de los productos para los que trabaja. Salimos a caminar de regreso por la costera. Llegamos al señor Frogs, francamente, estaba tan ensimismada que creo que le amargue el momento, preguntando estupideces. BTW, no estaba bien, de hecho sigo sin estarlo, aunque no es pretexto.

Regresamos al hotel, pero esta vez al bar, y ahí si. comenzó la tan temida hora de la neta. Me contó parte de su historia, de lo que hace, de su familia. De verdad, la mezcla de todo esto con un poco más del alcohol, al que estoy acostumbrada a tomar, me desmoronó y acabé llorando con él. Me dijo cosas que no estoy acostumbrada a escuchar y menos de alguien que me conoce tan poco. Duele, y creo que en realidad es por eso que estoy escribiendo esto.

¿De verdad parezco y me comporto como señora a mis 23 años? Mmmm. Pagó la cuenta y regresamos a la habitación. Me limpie las lagrimas, y volvimos a la cama, comenzó a acariciarme y no pude evitar excitarme de nuevo. Me jaló para que lo abrazará, pero lo dicho no soy muy afecta a abrazar a alguien después de tener sexo y acomodarme para dormir. Se dio cuenta y me enseño como hacerlo. Después de un rato así, volvió a excitarse, llevó mi mano hasta su falo, un poco de sexo oral, y después lo apresuré a penetrarme. Cambiamos varias veces de posición hasta que me penetro por el ano... No voy a decir que me encanta la idea, pero supo como hacerlo. Al terminar me abrazo y dormimos un rato.

Al sonar el despertador, osea un par de horas después, vi su miembro erecto y volvimos a hacerlo. Hace mucho que no tenía una noche tan fuerte, literal. Cuando se fue a trabajar me sentí culpable por no dejarlo dormir, sabiendo que iba a manejar de regreso al DF.

Di vueltas otra vez por la habitación. Me bañé, me vestí, tomé el libro que había llevado, pero no pude concentrarme. Lo que me había dicho en la noche, era justo lo que me pasaba, le dio al clavo que estaba incrustado en una herida vieja que no termina de sanar.

Querido léctor, si, crecí en ciertas cosas a una velocidad impresionante, pero hay áreas que no han sido tocadas como deberían. Que no han alcanzado a explorarse y me hacen sentir profundamente cansada de lo que hago, de mi vida. Como, si de repente mis 23 años pesarán como 33. Bueno, hasta me he descubierto un par de canas. Úlceras sangrantes, cambio en mi forma de vestir, de hablar, de creer y relacionarme con la gente común. El cierto elitismo en el que me he inmerso, que también se ha vuelto hermetismo. ¿A qué hora me convertí en una señora? ¿A qué hora me convertí en lo que no me gusta ser? ¿A qué hora me convertí en un trofeo de algunos, menos de mi misma?

Lloré un buen rato, y después busqué algo que escuchar entre los muchos canales de cable. Extrañaba mi música, entre otras muchas cosas, que han sido fundamentales en mi paso por lo que va de mi vida. No encontré nada, y mejor puse dibujos animados.

Me cuesta escuchar otras posturas, me cuesta trabajo entender a la gente normal que no vive para trabajar y menos imagina lo que hay detrás de un trabajo como el mio. Su platica me hizo verlo de golpe. Cuando regreso lo noté molestó, igual que en la piscina. No, no me sumergí en ella, ni en el mar, en las dos noches y tres días que pasamos en la bahía. Me negué a consentirme ese placer, olvidando el traje de baño en casa.

De repente vi una señora, con un vestido verde, que no se acercaba ni al agua igual que yo. Pero yo iba de negro... joooooder, era cierto que lo dijo. Me quede viendo un buen rato a los niños de la alberca, y los que estaban disfrutando de la playa. ¿Qué diablos me pasa? Regresamos a la habitación a recoger las últimas cosas, y el a dormir un rato. Me abrazó para dormir.Nos despertaron varias veces y después el último encuentro. Salimos media hora antes de la hora pactada para entregar la habitación.

El camino de regreso fue bastante tenso. No, no estoy acostumbrada a qué me digan mis cosas de frente. A ver cómo es qué he hecho de mi vida, algo que no me gusta. Cómo recordé, que si, en algún punto me gustaría tener una familia, y una pareja.

Me hizo bien el viajecito. Y no se me ocurre una mejor forma de terminar este relato, que con una rola, que según mis gustos viene muy ad hoc, a todo este, choro mareador.



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