domingo, 2 de septiembre de 2007

Nada como el sacrilegio

Es Domingo y se me antoja no hacer nada. Quisiera que alguien estuviera junto a mí, en es fría banca en la iglesia. Nada mejor para santificar el domingo que inmolar a un ser inocente al placer de la carne.

Las santurronas de la iglesia se ponen histéricas cada vez que entro con la mantilla, el vestido negro, con mis eternos tacones haciendo ruido.

Me encantan sus caras remilgadas cada que entro a sentarme en la segunda fila y sobar un poco al niño que siempre llega ahí a la cita, haciéndose el inocente monaguillo para que mis manos toquen su verga y con su semen cayendo a gotas en el suelo purifique el templo de la hipocresía, de todo aquello que se oculta en la sacristía.

El niño quiere a ofrecerle a su padre en los cielos la mayor muestra de su amor en su casa. Yo solo le ayudo un poco los Domingos en la mañana.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

hola nena...que alegria que volviste....que excitante tu fantasia...espero ser en algun momento tu monaguillo.
saludes.
Time Stand Still

Falopio dijo...

Yo por eso no voy a la iglesia para no encontrarme con mujeres como tu... jajajaja!

Pero te espero en el confesionario, en esa privacidad donde los sentidos están alertas, la mirada tiene ganas de devorar pecados y el cuerpo reclama ser el pecador... ahi te esperaré y atente a las consecuencias.

Besos!

RM dijo...

Qué maravilloso texto. Esplendido, redondo, perfecto. Felicidades.